martes, 19 de enero de 2016
Historia de las películas
El
cinematógrafo nació en plena época industrial en Francia. Los Lumiere dos hermanos, que llevaban varios años en su invento y habiendo filmado
ya más de un centenar de películas de un minuto, se decidieron a enseñar su
invento al pueblo de París. Lo presentaron con temor, pues nunca tuvieron
excesiva confianza en sus posibilidades artísticas ni menos económicas. Tras
muchas negociaciones con diferentes locales, incluido el Folíes Bergéres,
encontraron un sencillo local decorado al estilo oriental, el Salón Indio del
Gran Café del Boulevard de los Capuchinos. Los Lumiére prefirieron una sala de
reducidas dimensiones en razón de que si era un fracaso, pasaría inadvertido.
El día de la representación, considerado oficialmente como el primer momento de
la historia del cine fue el 28 de diciembre de 1895. Tal y cómo pensaron los
organizadores, el primer día no fue especialmente extraordinario, pues
acudieron solamente 35 personas. Bien cierto es que tampoco la publicidad fue
excesiva y el cartel realizado a la rápida no fue muy significativo. Los
Lumiére tuvieron la precaución (Gubern, 1989) de pegar en los cristales del
Grand Café un cartel anunciador, para que los transeúntes desocupados
pudieran leer lo que significaba aquel invento bautizado con el impronunciable
nombre de Cinématographe Lumiére. La explicación, impresa en letra
cursiva, resulta hoy un tanto pintoresca y barroca: «Este aparato -decía el
texto- inventado por MM. Auguste y Louis Lumiére, permite recoger, en series de
pruebas instantáneas, todos los movimientos que, durante cierto tiempo, se
suceden ante el objetivo, y reproducir a continuación estos movimientos
proyectando, a tamaño natural, sus imágenes sobre una pantalla y ante una sala
entera.». Según Georges Mèliés, que asistió a aquella función primera pues
regentaba un estudio fotográfico en París y había tomado parte en algunas de
las negociaciones para encontrar la sala, aunque al principio el ambiente era
de gran escepticismo, cuando los espectadores vieron moviéndose los carruajes
por las calles de Lyon, quedaron, cita Gubern, petrificados «boquiabiertos,
estupefactos y sorprendidos más allá de lo que puede expresarse».
Sin
embargo el pueblo parisiense, corrida la voz sobre aquel espectáculo
maravilloso y espectacular, ya al segundo día llenó el salón y las colas
recorrían el bulevar. Los diarios de París elogiaron aquel espectáculo insólito
y los hermanos Lumiére tuvieron asegurada, a partir del segundo día, sus
espectadores incondicionales.
Aunque
los Hermanos Lumiére poseían un amplio stock de películas, en sus primeros tiempos
siempre comenzaban por La salida de la fábrica Lumiére (La sortie des
Usines Lumiére, a Lyon, 1895), que según sus historiadores fue su primera
película y de paso hacían homenaje a su empresa. El repertorio lo componían
películas familiares, sus hijos comiendo, o de la vida de las calles de Lyon,
soldados haciendo la instrucción, y al ser Louis Lumiére muy buen fotógrafo no
evitó la utilización de efectos como el humo en una herrería y las nubes de
polvo en una demolición, que tuvieron inmenso éxito. No en balde la fotografía
era la madre del cine y sus pioneros no evitaron el arte ya desde los
comienzos.
Ya en
los primeros momentos se hicieron famosas dos películas que dominaron en su
show: Llegada del tren a la estación (L’arrivé d’un train en gare de la
Ciotat, 1895) y El regador regado (L’arroseur arrosé, 1895), el
primer film de humor, de un minuto, de la historia del cine.
La primera película
que se considera rodada en España es Salida de misa de doce de la Iglesia
del Pilar de Zaragoza, en 1896, de Eduardo Jimeno.
Georges
Mèliés se entusiasmó con el invento de los Lumiére, y siendo un
hombre de una gran sensibilidad, capacidad creativa y espíritu empresarial,
enseguida le vio posibilidades al espectáculo. Se la ingenió para adquirir un
proyector y comenzó a rodar inmediatamente. Al poco tiempo, debido a su
conocimiento del mundo de la farándula, había desarrollado su carrera de
cineasta, aplicando sus habilidades al mundo del espectáculo en el Teatro
Robert Houdini, de París, que compró para el efecto y al que dotó de todos los
inventos necesarios para realizar sofisticadas puestas en escena y sorprender a
los parisienses con sus decorados, proyecciones, vestuarios y representaciones.
Realizó
infinidad de películas utilizando ingeniosos, e ingenuos, trucos, alguno de los
cuales todavía es motivo de discusión sobre cómo lo logró. Aplicó fundidos y
encadenados tal y como se hacían en las sesiones de diapositivas. A él se deben
espectáculos filmados llenos de fantasía y de creatividad y rodó ya en 1899 la
primera película de diez minutos, El proceso Dreyfus (L’affaire Dreyfus, 1899), reportaje
periodístico sobre dicho acontecimiento. En 1902, filmó Viaje a la luna (Le
voyage dans la lune), un prodigio para la época, en la que ya utiliza
maquetas, filmación a través de un acuario, superposiciones de imágenes
(filmaba sobre fondo negro en doble exposición).
Hermanos
Lumiére
Auguste
Lumière (Besançon, Francia, 1862-Lyon, 1954) y Louis Lumière (Besançon,
1864-Bandol, Francia, 1948) Pioneros de la fotografía e inventores del
cinematógrafo franceses. Su padre, Antoine, era un conocido pintor retratista
que se había retirado para dedicarse al negocio de la fotografía; tanto Louis
como Auguste continuaron con el negocio familiar. Louis desarrolló un nuevo
método para la preparación de placas fotográficas, que convirtió la empresa
familiar en líder europeo del sector.
Los hermanos Lumière
En 1894,
Antoine fue invitado a presenciar una demostración del kinetoscopio de Edison.
Fascinado por el invento, propuso a sus hijos que buscasen la manera de
mejorarlo, ya que se trataba de un aparatoso artilugio, cuyas proyecciones sólo
se podían contemplar a través de una ventanilla. Un año más tarde, Louis Lumière
había hallado la solución: la primera cámara de cine, que patentó con su
nombre; se trataba de un aparato ligero y manejable, pues sólo pesaba unos
cinco kilos, y su funcionamiento era mucho más eficiente que el del
kinetoscopio de Edison.
Tras una
serie de exhibiciones privadas, el 28 de diciembre de 1895 los hermanos Lumière
hicieron la primera proyección cinematográfica pública de su invento en el
Grand Café des Capucines de París. El éxito fue arrollador: escenas como La
llegada de un tren a la estación (L'arrivée d'un train en gare), La
crianza de un niño (Le repas du bebé) y El regador regado (L'arroseur
arrosé) se convirtieron en verdaderos clásicos de la naciente historia del
cine.
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